jueves, 2 de mayo de 2013

Fantasía o Realidad (Parte Dos)


                John se despertó sobresaltado, sudando. Había soñado con Lucía, cómo casi todas las noches del último mes. La veía caer en un pozo y se despertaba de inmediato, sin llegar a perderla de vista. Ésta vez había sido diferente, ésta vez ella había sido consumida por la oscuridad, que la había devorado cómo si hubiera sido un pequeño trozo de carne en una pecera de pirañas, envolviéndola por completo y alejándola de él. John, todavía alterado por aquella horrible visión, se incorporó cómo pudo, se puso una camiseta y se calzó las sandalias y fue al lavabo a lavarse la cara y despejarse un poco. Después fue a la cocina a preparase una infusión de melisa y manzanilla, que dejó enfriar unos minutos.
                Seguía pensando en Lucía, aunque hacía más de un año que no la veía, y llevaba mes y medio sin poder contactar con ella por Skype, más o menos desde que se marchó a Escocia a terminar las preparaciones del sistema informático para la nueva sede de la empresa. Fue a por la infusión y se sentó en el borde de la ventana, mientras observaba cómo repiqueteaba la lluvia contra el cristal y humedecía la adoquinada calle que conducía al pueblo, que estaba a poco más de un kilómetro de distancia. John había encontrado el alquiler de aquél caserío viejo por un precio envidiable, y la única pega es que tenía que andar todas las mañanas un poquito más para llegar al edificio en el que se había instalado su empresa. Habían optado por instalarse en Kirkliston porque estaba al lado de Edimburgo y era bastante más tranquilo que la capital.

                Cuando John todavía estaba en España había empezado a salir con una chica, Marta, que conoció en el gimnasio. Era divertida y muy alegre, y estaba llena de energía. Su pelo rojizo y su eterna sonrisa eran sus rasgos más distintivos, aunque no eran lo único que llamaba la atención. Habían estado saliendo juntos un par de meses, y John no recordaba haber sido más feliz en toda su vida. Salvo quizás aquellas tardes en que todavía era un niño y seguía a Lucía a todas partes, pero eso es otra historia.  Cuando sus jefes le comunicaron que tendría que estar tres o cuatro meses en Escocia, se le rompió el corazón. Aunque Marta parecía estar dispuesta a esperar el tiempo que hiciera falta para estar con él. John no era un hombre que llorara con facilidad, pero aquella conversación consiguió que las lágrimas pasearan por su rostro con total naturalidad.

                John había llegado antes que Marta al bar, y cuando la vio llegar se levantó y la estrechó entre sus brazos, a la vez que la besaba suavemente en los labios.

                - Hola Marta, siento haberte llamado tan pronto, pero hay novedades en el trabajo que necesito hablar contigo -John había repasado aquella frase unas cien veces para no asustar a Marta con algún malentendido-. Mis jefes van a trasladar la sede principal de Utebo a Kirkliston, en Escocia, y me han... informado que van a necesitar que esté varios meses poniendo a punto la instalación informática -No sabía si el rostro de Marta reflejaba tristeza, o es que la había despertado y todavía estaba somnolienta, pero en ese momento ella se frotó los ojos con el dorso de las manos, lo que confirmó las sospechas de John-.

                - ¿Varios meses? -Marta disimuló un bostezo, y haciendo acopio de sus fuerzas, continúo-. ¿Y nuestros planes para San Juan? Supongo que no podrá ser... -resultaba extraño ver a Marta tan alicaída, a John se le rompía el corazón de verla así, y eso que podría decirse que acababan de conocerse.-. Pero, ¿sabes qué? tampoco era algo tan importante -él sabía perfectamente la ilusión que le hacía a ella pasar la mágica noche de San Juan en su compañía, por eso aquella frase le resultó tan extraña-, además, siempre he querido visitar Escocia...

                No había sido una conversación muy larga, porque John sólo tenía veinte minutos para desayunar, pero aun a pesar de eso, había sido muy intensa. Recordaba aquella genuina sonrisa que Marta le había regalado al decirle, indirectamente, que iría a visitarlo allí, y se le iluminaba el corazón. Pero aquél corazón lleno de luz también tenía sombras, y a John le dolía pensar que, a pesar de todo el amor que sentía por Marta, sus sueños sólo le mostraban la angustia de perder a Lucía...

2 comentarios:

Nosferes dijo...

Ya estoy en el ordenador y puedo dejar un comentario! Gracias por continuar la historia :) Realmente no me importa qué historia sigas, lo importante es que continúes escribiendo estas historias tan geniales, que nos hacen pasar un buen ratito y nos dejan con la miel en los labios para seguirte jiji. Continúa así!

Christian Magallón Soria dijo...

Me alegro de que disfrutes leyendo^^. En realidad, aunque me gusta escribir, me gusta más saber que hay alguien para quién mis historias significan algo, que no están vacías.